Movimiento de los Focolares

Operativo metro cuadrado

Jul 12, 2018

En el World Trade Center de Manila se escuchó también la historia de Jaime Sayas de El Salvador. En un país que se ha vuelto muy peligroso por la delincuencia imperante, con otros jóvenes se esfuerza en construir la paz, empezando desde su propio ambiente. Un ejemplo que contagia.

«Vengo de un país de Centroamérica, El Salvador. Un pequeño Estado, pero rico de recursos naturales y de historia, y al mismo tiempo agobiado, desde hace muchos años, por una gran inestabilidad política, injusticias y pobreza, que han generado distintas formas de violencia y malestar social. En los últimos años, la violencia se ha intensificado tanto que se ha creado una falta de confianza recíproca entre los habitantes, y cualquier persona representa una amenaza para los demás. Una situación que hace sentir a todos la impotencia. En 2014 viví por algún tiempo con otros Jóvenes por un Mundo Unido en una ciudadela de los Focolares en Argentina, la “Mariápolis Lía”. Allí tratamos de poner en práctica la llamada “regla de oro”, que dice: “haz a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti”. Me di cuenta de lo hermoso que sería construir una sociedad en la que todos cuidemos los unos de los otros. Pero cuando volví a El Salvador, me encontré nuevamente frente a la lucha interna de mi país. La situación era realmente difícil, e incluso más violenta aún. En cualquier momento, incluso de día, era arriesgado salir de casa. Yo solía ir en autobús a un centro deportivo, pero hasta eso se había vuelto peligroso. Nunca sabes si volverás a casa de noche sano y salvo. A raíz de esta situación mis padres, mi hermana y yo llegamos a pensar que debíamos irnos de allí. Pero reflexionando más a fondo sobre el tema, decidimos quedarnos, para ser una luz en este lugar oscuro, en tiempos tan oscuros. En ese período leí un artículo de los Jóvenes por un Mundo Unido de Medio Oriente, quienes contaban que habían decidido quedarse allí, a pesar de la guerra, para estar disponibles a ayudar a los heridos después de los ataques. Su experiencia me hizo reflexionar, reforzando la determinación de quedarme en El Salvador, para ir al encuentro de los sufrimientos de mi gente. Así fue que, junto con otros coetáneos míos, decidimos lanzar una campaña, a la que llamamos “Cambia tu metro cuadrado”, con el objetivo de construir la paz en nuestro ambiente. Sabemos que el problema de nuestro país es complejo, pero podemos hacer la diferencia si empezamos desde nuestra vida, con la gente que encontramos a diario, con las actividades que normalmente desempeñamos. A nivel personal, por ejemplo, trato de ayudar a mis compañeros a afrontar un difícil examen de matemática, o a crear relaciones positivas con los vecinos. Todo ello tuvo un impacto en nuestra sociedad también. Hemos involucrado a otros en este trabajo conjunto, construyendo un parque local, un ambiente más bonito, pintando paredes, limpiando las calles, recogiendo la basura e instalando bidones de residuos. Lanzamos una campaña de recolección de libros para enviar a esas ciudades en donde la tasa de abandono escolar es muy alto. Nació luego una colaboración con otros movimientos que se dedican a visitar a personas ancianas en los institutos, o con instituciones que proveen de alimentos y alojamiento a personas sin techo. Los adultos nos ayudan recogiendo víveres y abriendo sus casas para dejar que cocinemos en ellas. Es increíble ver que la comida siempre alcanza para todos los que la necesitan. Tal vez no estemos en condiciones de cambiar nuestro país de golpe, pero “metro cuadrado por metro cuadrado” podemos hacer un cambio».

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